Como bien nos comenta mi compañero Roger Viñas en su post sobre las mejores series de esta semana, el lunes tuvo lugar el regreso en los USA de “Desperate Housewives” (“Mujeres Desesperadas”) tras un parón de un par de mesecillos.
Desde su estreno allá por el otoño de 2004, esta especie de tragicomedia con toques de culebrón venezolano ha tenido, como prácticamente todas las series, sus más y sus menos, aunque ha seguido manteniendo esa chispa que la distingue claramente del resto de producciones. Sin embargo, con tanto ir y venir de personajes nuevos, tramas que se entrelazan (y uno pierde el hilo) e incluso historias que resultan repetitivas o sin sentido, puede que esté perdiendo algo de fuelle.
Personalmente, a pesar de haber pasado por rachas en que veía los capítulos de “Mujeres Desesperadas” por no perder la tradición y por mera costumbre, debo admitir que soy un fan confeso de las vidas de los vecinos de Wisteria Lane. Esta cuarta temporada, por otro lado, me está resultando algo pesada, y es que hay algunas subtramas, como el continuo tira y afloja entre Gabrielle y Carlos o todo lo relacionado con Katherine, que bien me aburren o no me interesan en absoluto (por mí que se carguen de una vez a la nueva vecina, su hija y su marido). Y otros, como Lynette (a la que se le está yendo la pinza demasiado) o Bree (cuyas jocosas manías casi no salen a relucir últimamente), que antes me encantaban, están empezando a no tener gracia para mí.
Es más, el undécimo capítulo de la cuarta temporada, o sea, el que se emitió este lunes en América, no cuenta absolutamente nada nuevo ni imprescindible. Es uno de esos tantos capítulos de relleno a los que estamos acostumbrados, y que en mitad de una temporada pueden ser aceptados, pero no al volver después de dos meses de inactividad. Evidentemente, no contaré nada por miedo a que me llenéis el buzón del correo con amenazas de muerte, algún que otro virus o fotos de Aramis Fuster para causarme ceguera, pero es que tampoco hay mucha miga. Tan solo diré que Lynette se interesa por la religión, Gaby sigue con Carlos (¿se casarán?, ¿no se casarán?), la hija de Katherine continúa dando la lata con que quiere saber el secreto familiar y Susan requiere la ayuda de un primo suyo con las facturas (otro chico-florero para el disfrute de las adolescentes hormonadas).
Nada más, como se suele decir coloquialmente, ni chicha ni limoná. A ver si la semana que viene retomamos los capítulos que al final nos dejan con cara de póker.
Por cierto, un apunte para los que sigan la serie en castellano: esta noche se emite en La 2 el cuarto episodio de esta cuarta temporada, en el cual llega una pareja de gays a Wisteria Lane.
Etiquetas: abc, america, desperate housewives, la 2, mujeres desesperadas, serie, tv


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3 comentarios
Coincido plenamente contigo Ander.
La verdad es que tuve la misma sensación que describes al ver el nuevo episodio.
De todas formas, por no perder el hábito, seguiré atento a ver si mejora.
Nos han deleitado con momentos geniales pero no sé si ahora están viviendo la resaca post-huelga de guionistas. Igual se les atrofiaron un poquillo las ideas y estamos viendo el resultado ahora.
Yo tambien creo que este nuevo capitulo se ha quedado a medio camino pero a diferencia de vosotros considero que esta nueva temporada está funcionando tremendamente bien. Siempre tenemos que contar que estamos hablando de una cuarta temporada y la verdad es que encuentro que las cosas tiran muy en la linea de “mujeres desesperadas” (no como en “Prison Break” donde todo va de mal en peor).
Si hay algo remarcable de este nuevo capi es el ver que pasará con Carlos y su ceguera. Será un truco para ver si Gabrielle le quiere de verdad? Como puedo ser tan malpensado? jaja
Si te digo la verdad, yo pensaba que Gaby, en cuanto supiese lo de la ceguera, iba a poner tierra de por medio. A ver cuánto tarda en hacerlo…